Lara se pelea con Lara

Las declaraciones del ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, dejaron una frase que resume con crudeza el momento político del vicepresidente: “Lara tiene que arreglar su problema con Lara”. No es solo una línea dura, es una definición política que marca distancia y revela el lugar que hoy ocupa Edmand Lara dentro del poder.

Según Lupo, el presidente no considera al vicepresidente un problema de gestión. El verdadero problema, sostiene, es interno y personal. Lara aparece enfrentado consigo mismo, atrapado en contradicciones que lo fueron dejando al margen del rumbo del Gobierno y del respaldo ciudadano.

La dureza del mensaje no es casual. Cuando Lupo afirma que “hablar con Lara no mejora la calidad de vida de los bolivianos”, está trazando una frontera clara entre lo que el Ejecutivo considera prioritario y lo que percibe como distracción. En ese esquema, Lara no figura entre las tareas esenciales del presidente.

El ministro va más allá y lanza una sentencia política lapidaria: “Lara se ha vuelto irrelevante”. En un contexto donde el respaldo popular al presidente es alto y la desaprobación al vicepresidente crece, el mensaje parece buscar cerrar filas en torno a la gestión y aislar el conflicto interno.

 

La conclusión es directa. Para el Gobierno, el presidente debe concentrarse en la crisis, la economía y la gestión. El resto, incluidas las tensiones con su vicepresidente, queda relegado. Lara, según esta lectura, no pelea con el poder, pelea consigo mismo.