Corazón de campeón: la Selección Argentina pasó del 0-2 al 3-2 en 13 minutos y se metió en los cuartos del Mundial

Llorá, gritá, cantá, abrázate con el del lado, llamá a tus amigos, andá a festejar todo el día. Ni en la cancha sabemos por dónde arrancar. La resiliencia no se compra en una farmacia ni se pide por comercio electrónico. La épica tampoco es algo que se enseña. Se vive. Argentina vive el partido. Lo sufre, lo vive, lo pelea y no se da nunca por vencida. Le venía todo torcido otra vez, la eliminación llegaba con el plus de una despedida opaca de Messi. Pero nunca hay que subestimar al 10. Nunca hay que creer que no está en un buen día. Nunca hay que pensar que ya no da más. La Scaloneta dio vuelta un partido impresionante y a diez del final, le metió tres goles a Egipto para seguir bien vivito y coleando. A aflojar las tensiones, a sacarse de encima los nervios que tenemos todos. Si quieren sacar al campeón del mundo del torneo, van a tener que hacer mucho más.

El efecto Cabo Verde parecía que había durado más de la cuenta. Egipto se imaginaba que ese final podría seguir dando vueltas por la cabeza y buscó de entrada pelearla a la Selección la posesión de la pelota. Con Ashour recostado sobre izquierda buscando el uno contra uno con Molina, con Rabia manejando la pelota y mostrando cuál iba a ser la búsqueda: centro cruzados desde bien afuera. Y así llegó el sacudón del gol cuando Lisandro, que la había roto toda en el partido anterior, perdiendo la marca de Ibrahim.

Argentina, gran mérito, no se desordenó. Mac Allister jugaba su mejor partido, Paredes dirigía la historia, De Paul se adueñaba de la banda y Enzo hacía su mejor pase en cortada en el Mundial para que Tagliafico sorprendiera y llegara el penal que marcó gran parte de la historia.

Mostafa Shoubir se lo atajaó a Messi (REUTERS).Mostafa Shoubir se lo atajaó a Messi (REUTERS).

Porque fue más allá de que Messi no lo hiciera, el tema es que a partir de ahí, el arquero tomó una dimensión inesperada. Porque la Scaloneta no se derrumbo ni anímica ni futbolísticamente y así llegaron las mejoras llegadas colectivas en la Copa del Mundo. Combinación De Paul – Alexis con un cabezazo a quemarropa pero a las manos, otro encuentro entre Taglia y Julián que Shoubir volvía a tapar. Tiro libre del 10 en el palo y la sensación de que el gol debía llegar.

La ansiedad es enemiga de la paciencia. No hay vuelta. Y Argentina comenzó a tomarse menos tiempo que antes para pensar y Egipto ya no necesitó de salvadas providenciales sino de aguantar en bloque atrás y apostar a una contra.

La velocidad y precisión de Zico fueron un dolor infernal para un Molina que pagó una y otra vez. Un foul a Lisandro en ataque le dio una vida a la Selección cuando el VAR volvió atrás el gol egipcio.

Parecía un guiño para el equipo que no podría aprovechar cuando un par de minutos después, Salah arrancaba desde casi su área, Molina no lo anticiparía y armarían un jugadón para que Zico, esta vez sí pudiera gritarlo sin que se lo anularan.

Messi se empecinaba en ponerse la capa de superman y chocaba. Pero él sabía, en su interior, que le quedaba algo de resto. Y así inventó el pase gol, centro asistencia para que Cuti Romero devolviera a la Selección al partido cuando parecía que se había ido.

Cuti Romero devolvió a la Selección al partido cuando parecía que se había ido. (REUTERS)Cuti Romero devolvió a la Selección al partido cuando parecía que se había ido. (REUTERS)

El 10 se acomodó la cinta y aceleró como en los viejos nuevos tiempos metiendo una asistencia a Lautaro que se iba cerca. En dos minutos había hecho más que toda la noche. Faltaba, faltaba un poco más.

Cuando se despida de un Mundial, será con la frente bien alta, jugando como juegan los grandes. No quería irse así y no se fue. La pidió una vez más, la midió una vez más y su mérito mayor es que no se quedó con el centro para Lautaro. Fue a buscar la segunda pelota con esa intuición que lo diferencia. El zurdazo de volea todavía está moviendo la red.

Lionel Messi y el 2-2. (AP)Lionel Messi y el 2-2. (AP)

El alma volvía al cuerpo una vez más y Argentina aceleró sintiendo que podía liquidarlo. Arriesgando como arriesgó, con Paredes cortando de esos que valen tanto o más que un gol. El palo y palo era un riesgo que un campeón del mundo a veces debe asumir.

Julián Alvarez entonces decidió frenar él a Salah en la puerta del área, jugársela larga a Lautaro. Se le abrió mucho para intentarla jugar para sí mismo y entonces se pudo la ropa de asistido. Enzo, que andaba medio fuera del rada en el Mundial, lo acompañó. Creyó en él y fue a buscar el centro para el cabezazo de su vida.

Enzo Fernandez reyó en él y fue a buscar el centro para el cabezazo de su vida. (Reuters)Enzo Fernandez reyó en él y fue a buscar el centro para el cabezazo de su vida. (Reuters)