FRANCISCO “PANCHO” REYNOSO MAIRE: GUARDADOR DEL FOGÓN Y DE LA MEMORIA CHAQUEÑA
Hay personas que no necesitan monumentos porque ya habitan en la memoria del pueblo. Francisco “Pancho” Reynoso Maire es una de ellas. Nombrarlo es volver a Yacuiba sin mapa: a sus calles de tierra y asfalto mezclados, al saludo sin apuro, a la mesa larga donde siempre hay lugar para uno más. Pancho nació en esta tierra de frontera el 21 de diciembre de 1948, cuando Yacuiba todavía se reconocía más por sus rostros que por sus edificios.
Sus raíces se hunden profundo. Fue hijo de Francisco Reynoso Zerda, hombre de palabra firme y trabajo constante, y de Lola Maire Chadde, mujer de temple silencioso, hospitalidad natural y mirada que sabía leer a la gente. De ellos heredó algo más que el apellido: heredó una manera de estar en el mundo. En esa casa, el esfuerzo no se declamaba, se practicaba; el respeto no se exigía, se aprendía; y la hospitalidad no era un gesto ocasional, sino una forma de vivir.
Lola, con su vocación de servicio y su trato cercano, fue una verdadera escuela de humanidad. En torno a su mesa se aprendía que compartir era tan importante como trabajar, y que el visitante merecía siempre un plato caliente y una palabra amable. Francisco padre, con su ejemplo diario, enseñó que la dignidad se construye paso a paso, sin estridencias. De esa unión de firmeza y ternura nació Pancho, y con él, una continuidad.
Desde joven buscó expresarse a través de la música. Con Los Tres del Chaco, la guitarra se volvió puente entre el monte y la ciudad, entre lo antiguo y lo que venía. En cada canción estaba la certeza de que la cultura no es adorno, sino raíz; que cantar lo pro-pio es una forma de no olvidarse de quién se es.
Con los años, su destino se fue amarrando a dos lugares que hoy forman parte inseparable del paisaje emocional de Yacuiba: el Restaurante TVO y el Hotel Paris. No los administró: los cuidó. Y cuidar, en el Chaco, es una palabra grande.
El TVO, en su esquina querida del centro, cerca de la plaza, fue creciendo junto a la ciudad. Allí se sentaron trabajadores, viajeros, familias enteras; allí se cerraron tratos y se abrieron confidencias. Pancho entendió que un restaurante también puede ser refugio. Que servir un plato es, muchas veces, servir consuelo, conversación y pertenencia.
Cuando en agosto de 2023 el TVO cumplió 55 años, la Asamblea Regional del Gran Chaco lo declaró institución distinguida e ícono regional. El reconocimiento habló de gastronomía, cultura y turismo; pero quienes conocen el lugar saben que el verdadero mérito fue haber mantenido intacta su esencia.
El Hotel Paris guarda otra parte del linaje. Fundado en 1910 por su abuelo, don César Chadde Aré, cónsul honorario de Francia, fue durante décadas casa de paso y de encuentro. Allí durmieron viajeros de lejos y de cerca, y allí quedó alojada una parte de la histo-ria cotidiana de Yacuiba.
Cuando el tiempo pareció apagar sus luces, Pancho y su compañera de vida, Lorenza Arana Núñez de Reynoso, decidieron devolverle el pulso. Con el acompañamiento decisivo de Lola Maire Chadde de Reynoso, el hotel reabrió en 1991, en la calle Comercio. Volvió con respeto por lo antiguo y apertura a lo nuevo, con historia en las paredes y presente en la atención.
El trabajo fue siempre familiar. Sus hijos —Francisco Javier, Lola María, Pablo César y José Antonio— se fueron sumando de manera natural, aprendiendo que un legado no se impone, se comparte.
La vida puso a prueba a Pancho cuando le quitó el andar, pero no logró quitarle el ánimo. Desde una silla de ruedas siguió siendo presencia, consejo y ejemplo. Porque hay hombres que caminan con las piernas, y otros que caminan con la memoria y la palabra.
Hoy se lo ve desde temprano en la galería del TVO, saludando a los amigos, recor-dando historias. Luego, detrás del mostrador, atento a cada detalle, bajo la mirada cómplice de Lorenza. Y al terminar la jornada, en su vehículo, suele pasar por la casa de los amigos; aunque no estén, no deja de bajar la marcha y lanzar el grito fraterno que ya es costumbre y cariño.
También el deporte forma parte de su historia. Siempre estuvo cerca del Club Inde-pendiente, apoyando, aconsejando, acompañando, hasta asumir la presidencia el 10 de agosto de 2025, como quien acepta una responsabilidad más que un honor. Sus hermanos, Pelusa y Petiso, arqueros recordados y queridos, dejaron huella en el deporte, sumando otra página al apellido.
Francisco “Pancho” Reynoso Maire entendió, quizá sin decirlo nunca, que la hospitalidad también es una forma de memoria. Que abrir una puerta, arrimar una silla o servir un plato es una manera de afirmar quiénes somos. En un tiempo donde todo parece apurarse y olvidarse, él eligió quedarse, sostener, cuidar.
Su nombre quedó unido al TVO y al Hotel Paris, pero sobre todo quedó unido a un modo de ser chaqueño: sobrio, solidario, silencioso y perseverante. Pancho no buscó protagonismo; dejó huellas. Y esas huellas no están en los discursos, sino en las mesas compartidas, en los saludos cotidianos, en la confianza de la gente.
Por eso su historia no pertenece solo a su familia. Pertenece a Yacuiba, a esa Yacuiba de antes, de hoy y de siempre, que se reconoce en los gestos simples y en los hombres que supieron hacer de la vida cotidiana una forma discreta de dignidad.
*Este texto no pretende ser una biografía exhaustiva ni un homenaje solemne. Es, más bien, un acto de memoria agradecida. Francisco “Pancho” Reynoso Maire forma parte de esas personas que construyen identidad sin proponérselo, desde el trabajo diario, la palabra justa y la presencia constante.
Al incluir esta semblanza en Cosas de la Yacuiba de Antes, de Hoy y de Siempre, busco dejar constancia de una forma de ser y de vivir que ayudó —y ayuda— a explicar quiénes somos como comunidad. Porque la historia de Yacuiba no se escribe solo con fechas y acontecimientos, sino también con nombres propios, con mesas compartidas y con hombres y mujeres que hicieron de la hospitalidad una manera de pertenecer.
Escribo estas líneas desde el afecto, el respeto y la convicción de que recordar también es un deber.