El Mundial 2026, la guerra EE. UU.-Irán y los límites éticos
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que Irán sigue siendo bienvenido a participar, aunque quizás no debería hacerlo por su propia seguridad. Irán, por su parte, ha señalado que quienes deberían ser excluidos del torneo son los estadounidenses, no ellos. En tanto, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, sostiene que el Mundial puede unir a las personas.
No hay nada en los estatutos de la FIFA que prohíba que los países anfitriones estén en guerra. Sin embargo, el artículo 3 del organismo se compromete a respetar los estándares internacionales de derechos humanos. Aun así, Infantino otorgó el primer Premio de la Paz de la FIFA a Trump y también participó en el lanzamiento de la llamada Junta de Paz, impulsada por el mandatario. Esto, pese a que el artículo 4 establece la "neutralidad en materia política”.
"Ambos actúan como quieren, sin un compromiso serio con los principios democráticos de las organizaciones que representan", dice a DW Alan Tomlinson, profesor de la Universidad de Brighton (Reino Unido) y especialista en historia social del deporte y de la FIFA.
¿La guerra con Irán como punto de inflexión?
La decisión de Estados Unidos de involucrarse en un conflicto junto a Israel contra Irán no es el primer factor que ha llevado a los aficionados a cuestionarse si deberían viajar al torneo o incluso si este debería celebrarse.
En los meses previos, las acciones de agentes migratorios de ICE, las restricciones de viaje, los obstáculos para obtener visados y el precio de las entradas han generado numerosos debates y preocupaciones en torno al Mundial. De hecho, a finales de enero se intensificaron los llamados a un posible boicot europeo en medio de la amenaza de Trump de invadir Groenlandia. La pregunta es si la guerra con Irán marcará un punto decisivo para el Mundial 2026.
"No creo que Irán sea el punto de inflexión, pero quizá debería serlo", señala a DW Jake Wojtowicz, investigador y autor especializado en filosofía del deporte, con énfasis en la ética del aficionado, y coautor del libro Why It's OK to Be a Sports Fan sobre por qué está bien ser hincha (2023).
El deporte global se enfrenta regularmente a dilemas éticos, como lo demostraron los últimos mundiales en Rusia 2018 y Qatar 2022. Pero, ¿está la guerra de Estados Unidos con Irán generando una nueva dimensión en la reflexión sobre el torneo?
"Un país anfitrión en guerra, liderado por un dirigente que acepta con orgullo un cuestionable Premio de la Paz, y a pocos meses de un espectáculo deportivo global de cinco semanas, constituye sin duda una línea moral que no debería cruzarse", opina Tomlinson. "Pero las líneas morales no pesan lo mismo que las consideraciones económicas y comerciales".

Infantino ya había sido cercano a otros líderes mundiales antes de Trump.Imagen: Yuri Kadobnov/AFP via Getty Images
"Creo que el problema surge cuando uno considera que esto [la guerra con Irán] es algo negativo y luego ve o asiste al Mundial y termina pensando que Estados Unidos es bastante positivo", dice Wojtowicz.
"Se empieza a pensar en Estados Unidos en términos de Harry Kane marcando dos goles para derrotar a Brasil en la final, en lugar de pensar en el ICE o en las deportaciones. Ese es el riesgo: que el Mundial interfiera en el juicio moral habitual".
"Acciones sin precedentes" de Infantino
DW contactó a Human Rights Watch (HRW) y a Amnistía Internacional para este artículo, pero ninguna de las dos organizaciones respondió. No obstante, ambas ya habían expresado públicamente su preocupación a finales de 2025, instando a la FIFA a actuar frente a cuestiones de derechos humanos.
"Las acciones de Infantino son, en muchos sentidos, política y éticamente sin precedentes", considera Tomlinson.
No era así cuando asumió el cargo, sucediendo al expresidente de la FIFA Sepp Blatter, cuya gestión estuvo marcada por escándalos. Sin embargo, desde entonces, Infantino ha llevado los límites aún más lejos.
"Infantino aceptó un premio de Vladimir Putin tras el Mundial de Rusia 2018; respaldó a Qatar ―incluso estableciendo allí su residencia― durante todo el proceso hacia el Mundial de 2022; y, sin mayor debate, asignó el torneo de 2034 a Arabia Saudita. De cara al Mundial 2026, se ha instalado en Miami, prácticamente a las puertas de su mentor Trump", explica Tomlinson.
"Este no es el comportamiento de un representante de una organización global y democrática. Infantino ha agravado, sin duda, los conflictos éticos que caracterizan al fútbol contemporáneo", añade.
¿El espectáculo debe continuar?
Muchos eventos deportivos han estado rodeados de controversias éticas o políticas, pero en la mayoría de los casos la competencia sigue adelante.
Un estudio de 2025 de Paul Bertin y Pauline Grippa, publicado en la revista académica Psicología Política, reveló que muchos aficionados que planeaban boicotear el Mundial de 2022 finalmente no lo hicieron. Esto refuerza la idea de que el atractivo del fútbol dificulta los boicots, aunque, según Wojtowicz, los aficionados deben mantenerse críticos.
"Lo importante es involucrarse, reflexionar y no dejar que todo pase desapercibido solo porque se está jugando un Mundial", concluye: "Pequeños actos de resistencia ética pueden ser útiles”.