Siete recomendaciones para controlar el hígado graso y mejorar la salud digestiva

La acumulación de grasa superior al 5%–10% del peso del hígado se considera esteatosis, según organizaciones médicas

El hígado graso o esteatosis hepática se ha convertido en una de las enfermedades metabólicas más frecuentes en la actualidad. Aunque en muchos casos puede permanecer sin síntomas durante años, especialistas advierten que la acumulación excesiva de grasa en el hígado puede derivar en complicaciones importantes si no se adoptan cambios oportunos en la alimentación y el estilo de vida.

La enfermedad, conocida actualmente como esteatosis hepática asociada a disfunción metabólica (MASLD), ocurre cuando la grasa acumulada supera entre el 5% y el 10% del peso del órgano. Entre los síntomas más comunes se encuentran el cansancio, la debilidad, la sensación de pesadez y molestias abdominales.

Expertos señalan que no existe una dieta milagrosa ni productos capaces de revertir por sí solos la enfermedad. En cambio, destacan que la mejor estrategia consiste en mantener hábitos saludables de forma permanente para reducir la carga de trabajo del hígado y mejorar su funcionamiento.

Entre las principales recomendaciones se encuentra disminuir el consumo de azúcares y carbohidratos refinados, sustituyéndolos por frutas, verduras y cereales integrales. Asimismo, se aconseja priorizar grasas saludables como las presentes en el aceite de oliva virgen extra y reducir al mínimo las grasas saturadas y trans.

Los especialistas también recomiendan evitar alimentos ultraprocesados y limitar el consumo de carnes rojas y embutidos, ya que estos productos pueden contribuir al avance de la enfermedad y dificultar el control metabólico.

Otra medida fundamental es la reducción del peso corporal en personas con sobrepeso u obesidad. Estudios citados por organismos especializados indican que una pérdida superior al 10% del peso puede ayudar a disminuir la acumulación de grasa en el hígado e incluso revertir parte del daño hepático.

Además, se aconseja evitar el consumo de alcohol y desconfiar de productos o suplementos comercializados como métodos de “desintoxicación hepática”, debido a que no cuentan con respaldo científico suficiente y podrían representar riesgos para la salud.

Los especialistas recomiendan realizar controles médicos periódicos, especialmente en personas con diabetes, colesterol elevado, hipertensión arterial o antecedentes de enfermedades metabólicas. El diagnóstico suele apoyarse en análisis de sangre, estudios por imágenes y evaluación clínica especializada.

La detección temprana y la adopción de hábitos saludables continúan siendo las herramientas más efectivas para prevenir la progresión del hígado graso y preservar la salud hepática a largo plazo.